México no está perdido ni empieza de cero en el proceso para incorporarse a la sociedad del conocimiento..
Desde hace 24 años las empresas nacionales han avanzado en innovación mucho más de lo que queremos reconocer, aunque nuestro enfoque ha sido más defensivo que ofensivo.
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Así reflexiona el ingeniero Leopoldo Rodríguez Sánchez, presidente de la Asociación Mexicana de Directivos de la Investigación Aplicada y el Desarrollo Tecnológico (ADIAT).
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Tres semanas después de que la Secretaría de Economía y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología presentaron el nuevo esquema de apoyos a la innovación, que canalizará a las empresas 2 mil 500 millones de pesos para mejorar sus procesos y productos, el representantes de los hombres de negocios que realizan investigación subrayó que el gran paso que se está dando en México es mental.
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La evidencia más clara de que la innovación mexicana no es un mito es el hecho de que desde 1985, cuando cambió el modelo económico y empezó el acelerado proceso de apertura comercial, la industria tuvo que inventar nuevas soluciones y procedimientos para entregar productos y servicios que hicieran frente a nuevos competidores de todo el mundo.
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“El cambio fue tremendo.
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Algunas áreas de la industria mexicana que tenían altos niveles de protección, como la química o la farmacéutica, prácticamente quedaron sin barreras frente a sus competidoras extranjeras.
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Esto nos obligó a innovar y lo hicimos con éxito”, añadió Rodríguez Sánchez.
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El representante empresarial, que fue docente de la UNAM 17 años, opinó que hubiera sido saludable que en los años en que empezó la apertura comercial, entre 1985 y 1995, se hubieran documentado los grandes cambios que hicimos para sobrevivir.
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“Nos faltó el registro, pero el resultado es que las empresas mexicanas siguen compitiendo aquí y en el exterior”, subrayó.
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Cuando se le pregunta al presidente de ADIAT sobre la postura de diferentes sectores para que se coloquen las bases que posibiliten al país tener una política de Estado en Ciencia, Tecnología e Innovación, que tenga objetivos y programas que sobrevivan a los cambios sexenales, Rodríguez Sánchez dice que su edificación se está alcanzando paulatinamente.
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“Para pensar en políticas transexenales hay que empezar por dar cierta estabilidad a los temas fundamentales para el desarrollo, por ejemplo en los indicadores macroeconómicos.
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Desde hace varios sexenios se han respetado los lineamientos mayores de política económica (como el control de la inflación, mejor manejo del gasto público, endeudamiento, entre otros).
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Ese es un buen punto de apoyo para, impulsar otras políticas de largo plazo, como el fomento a la innovación”, apuntó.
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A su juicio, los temas que serán estratégicos en la consolidación de una política de largo plazo en innovación, son:
resolver las diferencias regionales y establecer indicadores de evaluación confiables
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“Sobre el tema del desarrollo regional equilibrado, la Unión Europea también analiza esta cuestión, pues no todos los países del viejo continente tienen el mismo ritmo de desarrollo y la misma capacidad para innovar.
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Ellos identifican tres problemas: los recursos y programas no llegan igual a todas las regiones; no todos tienen buenas habilidades de administración, y no hay un modelo común de evaluación.
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“En México estamos tratando de corregir los desequilibrios con los fondos regionales, que cada vez son una herramienta que se usa más en el gobierno federal.
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Por último, sobre el tema de los indicadores, vemos que este es uno de los grandes retos en todo el mundo, responder cómo medimos a la innovación.
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En la Secretaría de Economía ya se están elaborando modelos y nosotros estamos proponiendo que se estudie también lo que se hizo en el pasado a fin de entender la efectividad que tuvo innovar para sobrevivir”.
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Antimio Cruz
invdes.com.mx
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