Con pocos meses de diferencia, las Naciones Unidas y la Fundación Carolina, de España, presentaron sendos informes sobre la baja incidencia del conocimiento en los países más pobres del mundo y en América latina..
En Los países menos adelantados (www.unctad.org), que la ONU dio a conocer en Nueva York y Ginebra, se analizan las 50 naciones más pobres:
31 de Africa, 8 de Asia, una de América latina (Haití) y 10 islas independientes (Cabo Verde, Samoa, etc.).
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Allí sobreviven 767 millones de personas con un dólar por día, en las peores condiciones de nutrición y salud, con una escolaridad media de tres años, el 84% de la población sin electricidad y un altísimo grado de vulnerabilidad económica.
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Tras 25 años de muy pocos avances, la ONU enfatiza en el extenso documento que los "países menos adelantados" (PMA) deberán "incorporar el conocimiento, el avance tecnológico y su aprendizaje".
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De lo contrario, la marginación crecerá: epidemias, inmigrantes que huyen de países que nada les ofrecen, matanzas, etc.
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El documento concluye:
"Es urgente actuar. No bastan los informes; es necesaria la ayuda global al conocimiento".
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¿En qué consiste esta ayuda?
El 70% de los trabajadores de los PMA son campesinos con pequeñas explotaciones atrasadas, de muy baja producción.
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La ONU entiende que el crecimiento, por los altos precios de las materias primas, no podrá sostenerse. Para crecer sostenidamente, recomienda una "revolución verde", con investigación, extensión y aprendizaje tecnológico ("saber hacer").
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Como la ayuda internacional para este fin descendió al nivel más bajo desde 1971 (3,6% de los fondos disponibles), pide incrementarla, pues la explotación agrícola es la clave para iniciar la innovación y el aprendizaje.
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La ayuda deberá promover, también, la competitividad y el desarrollo industrial que reciben el 0,02% de los fondos.
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El informe destaca avances de varios PMA, logrados por "imitación creativa": en Malawi, pequeños campesinos ensayaron variedades muy productivas de maíz.
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En Bangladesh, un empresario inició una exitosa industria de vestidos para exportar. Ambos ejemplos se extendieron por imitación.
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No se trata de que los PMA estén a la vanguardia, sino de que sean seguidores de tecnologías, lo que constituye un hecho innovador en sus países, aunque no lo sea frente al mundo. Es un comienzo.
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Se recomienda rever la rigurosa protección de la propiedad intelectual, hasta que los PMA logren desarrollarse tecnológicamente, pues la inversión en maquinaria y equipamiento, base de la innovación tecnológica, descendió en los últimos 25 años.
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A su vez, los PMA obtienen muy pocas patentes: 121 por año (entre 2000 y 2004), frente a más de un millón de los países desarrollados.
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Los PMA tienen la fuga de cerebros más alta del mundo.
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Haití encabeza la lista, con más del 80% de sus universitarios afuera.
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En Gambia, Somalia e islas de Cabo Verde y Samoa, del 60% al 70% de los profesionales emigran.
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En 2004, de 6,6 millones de universitarios que había en los cincuenta PMA, un millón vivía en el exterior, o sea, el 15%, porcentaje que duplica el de los países en desarrollo (menos del 8%).
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En las naciones avanzadas, la diáspora africana se triplicó en los últimos cuarenta años:
Etiopía perdió el 75% de sus recursos calificados en 10 años y Nigeria tiene más médicos en EE.UU. que en su país. Lalla Ben Barka, de la Comisión Económica de la ONU para Africa, advirtió que si la fuga no se detiene, "Africa se habrá vaciado de cerebros en 25 años".
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Frente a esta "donación" de inteligencia a los países que demandan más y más conocimientos, la ONU pide a éstos que disminuyan la toma de egresados de las pocas universidades de los PMA y que favorezcan la contratación temporal y no la permanente.
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Los PMA tienen 94,3 científicos por millón de habitantes, frente a 313 de los países en desarrollo y 3728 de los desarrollados.
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Si la situación de los PMA es dramática, la de América latina es muy preocupante: la región, con países en desarrollo (salvo Haití), está un escalón más arriba que los PMA, pero con muy baja inversión en conocimiento.
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El ranking lo encabeza América del Norte (EE.UU. y Canadá), con casi el 40% del total mundial invertido en investigación y desarrollo (I+D).
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La siguen Europa, Asia y Oceanía. Muy atrás, en la cola, América latina y Africa, con el 1,6% y 0,3%, respectivamente, de esa inversión mundial. Véase la correspondencia entre inversión en conocimiento y pobreza.
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En dicho ranking, Asia progresa y América latina y Africa retroceden, excepto Brasil, México y Sudáfrica, cuyas economías emergen, como las de China e India.
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Hace unos años, 8 de cada 10 personas de extrema pobreza eran asiáticas; hoy, 7,5 de cada 10 son africanas.
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Corea del Sur, por ejemplo, invierte en I+D como toda América latina. China superó a Japón, en 2006, en su inversión en I+D (US$ 136.000 millones) y redujo su pobreza un 42% en los últimos 25 años.
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Los países desarrollados invierten en I+D entre el 1,75% y hasta más del 3% de sus PBI.
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La media latinoamericana es de 0,54% y la argentina, históricamente baja, es de 0,46%, cercana a la media de los PMA (0,30%) y detrás de Chile (0,68%) y Brasil (0,82%).
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Nuestra región gasta más en armas (1,4% de su PBI) que en conocimiento.
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Frente a este panorama, adquiere relevancia el informe titulado Claves del desarrollo científico y tecnológico de América latina , de la Fundación Carolina, de España, presentado en Buenos Aires por el presidente de su filial argentina, Guillermo Jaim Etcheverry.
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Trece expertos iberoamericanos analizan los altibajos en las políticas científicas, la fuga de cerebros y la escasa inversión empresarial en I+D.
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También profundizan en los casos más relevantes: Brasil, México, la Argentina, Chile, Colombia, Costa Rica y Venezuela.
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Brasil lidera la inversión en I+D, con el 53,8% del total de la región (7290 millones de dólares); lo sigue México (26,1%: 3531 millones), y muy atrás, aunque con mayor tradición y tres premios Nobel en ciencias, la Argentina (6,2%: 845 millones); luego Chile (5,9%: 800 millones), y el resto de América latina (7,9%: 1069 millones de dólares). El número de científicos es bajo.
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Corresponde el 52% a Brasil, 18% a México y 13,5% a la Argentina, que tiene más investigadores con relación a la población económicamente activa y el mayor número de científicos.
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La producción de patentes también es baja, destacándose otra vez Brasil, con el 90% de las obtenidas en la región, por empresas e instituciones nacionales.
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América latina también "dona" conocimiento a los países ricos, porque sus científicos mayormente publican sin protección intelectual.
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Los dos informes revelan que la pobreza está asociada a la falta de conocimientos y ésta a la ignorancia de la dirigencia política, que no la promueve. Houssay decía que los países ricos lo son porque investigan y que no es cierto que investigan porque son ricos.
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Por Arturo Prins
Para LA NACION
El autor es director ejecutivo de la Fundación Sales y
secretario de la Fundación Criterio

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