
DIEGO HURTADO
Profesor de historia de la Ciencia.
Investigador del Conicet.
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La innovación institucional y una comunidad científica con capacidad de consenso y voz política son dos desafíos
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El tercero, que los empresarios compren conocimiento argentino.
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La creación de un Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva lleva en su mismo nombre un anhelo atávico: vincular la actividad de los científicos, ingenieros y tecnólogos formados en las universidades públicas al desarrollo social y económico
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Desagregar esta linda frase ha sido materia de debates, políticas y ríos de tinta desde hace, por lo menos, medio siglo
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Hoy significa reorientar el perfil productivo del país, aumentar el valor agregado de las exportaciones, hacer del conocimiento una herramienta social, revertir la fuga de cerebros, promover la creación de empresas de tecnología intensiva, construir un programa nacional de comunicación pública de la ciencia y la tecnología con eje en la inclusión social
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¿Cuáles son las dificultades?
En la década de 1950 se cristalizó una estructura institucional para el sector de ciencia y tecnología que no encontró el camino para transformar el conocimiento en capital social
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El caos político y la dependencia económica promovieron durante décadas conductas pragmáticas de supervivencia
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Desde el INTI no se produjo el flujo de innovaciones para un sector industrial portador de un ethos ajeno a la noción de riesgo
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Las transnacionales de semillas y agroquímicos se fueron apoderando en los ochenta del mercado local dejando al INTA sólo algunos resquicios para el apoyo a los productores del campo
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El CONICET y las universidades se afirmaron en una ideología de "purismo" académico
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Jugar el juego de la ciencia internacional significó la construcción de núcleos fragmentados de producción de conocimiento, cuya validación se concretó en la subordinación a centros del primer mundo
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Hacia adentro significó perder contacto con las necesidades locales
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Signos visibles de este proceso fueron la debilidad política de la comunidad científica argentina y los hábitos sectoriales fragmentados en conductas de defensa de pequeños intereses corporativos
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Hay ejemplos transversales a este panorama
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Uno es la trama institucional que durante las últimas décadas se fue conformando en la producción de tecnología nuclear y espacial, donde intervienen como principales protagonistas CNEA, CONAE, la empresa de tecnología INVAP y algunas universidades públicas
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Este proceso llevó varias décadas y aún hoy es enormemente frágil
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Incluso es necesario comprender hasta qué punto componentes autoritarios fueron una condición de posibilidad
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Otras experiencias instructivas se encuentran en el campo de la creación de empresas de biotecnología de capital nacional
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Desde el retorno a la democracia puede hablarse de dos importantes innovaciones institucionales. La primera fue la creación, en 1983, de la SECyT
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Esta secretaría asumió como punto de partida "que los industriales, los ganaderos o los empresarios no iban con sus problemas a la Universidad, el CONICET o al INTA", como tampoco era usual "que los resultados logrados en los laboratorios universitarios o institutos se volcasen a la actividad productiva"
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En este momento se reconoció "la irrupción del problema tecnológico"
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Si bien la deuda externa y la hiperinflación restringieron su margen de maniobra, esta secretaría comenzó a recuperar las ambiciones de protagonismo que la ciencia y la tecnología habían extraviado durante la última dictadura
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La segunda innovación institucional tuvo lugar dentro de la SECyT
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Fue la creación, en 1996, de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica (ANPCyT)
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Esta iniciativa fue una respuesta a la necesidad de contar con un organismo dedicado exclusivamente a la promoción, sin instituciones propias de ejecución de actividades de investigación y desarrollo
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Luego de un comienzo conflictivo, sobre todo en la definición de incumbencias frente al CONICET, la ANPCyT encontró un lugar prolífico en el sistema como principal organismo de financiamiento del sector
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Su mayor virtud en los últimos años ha sido el esfuerzo por generar programas de financiamiento concebidos con objetivos estratégicos y, con excepción del cataclismo económico del 2001, la regularidad de su agenda
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Así, el reciente anuncio de creación de un ministerio para el área de ciencia y tecnología parece iniciar un tercer estadío que completa este ciclo de maduración
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Con perspectivas promisorias, tanto por el protagonismo que le otorga el gobierno al darle rango de ministerio, como por concretarse en sincronía con la agonía del paradigma neoliberal, este tercer estadio tal vez signifique que el desarrollo científico y tecnológico del país esté a punto de alcanzar finalmente un estado de crecimiento estacionario
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Entender cómo utilizar el conocimiento es clave
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Las ciencias sociales son imprescindibles en este punto
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El camino tiene que ser original y propio
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No hay recetas. No somos Corea ni Finlandia
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El Sillicon Valley es ajeno a nuestra realidad
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La innovación institucional y una comunidad científica con capacidad de consenso y voz política son dos de los tres mayores desafíos
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El tercero, tal vez el más complejo, es lograr que los empresarios argentinos "compren" conocimiento argentino
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¿Qué falta?
Definir el impacto social y económico que se espera de la producción de conocimiento y formular una política robusta para materializarlo
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Hay un rumbo ya esbozado y problemas, como el energético, perentorios
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Hecho esto, el gran desafío será mantener fija la proa por los próximos diez años.
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Fuente Clarin
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